Trump dice que los estadounidenses también son dreamers. Y ellos contestan: “Los dreamers también son estadounidenses”

El presidente insistió en los últimos días en dar la vuelta a la causa de los soñadores en un momento clave para el futuro de DACA. Echamos la vista atrás para ver cómo se gestaron los “dreamers”, un grupo que se convirtió en emblema de la lucha inmigrante y que acabó ganándose el corazón del país: el 80% de la población está a favor de que estos jóvenes permanezcan en Estados Unidos.

Hay una palabra relacionada con la inmigración (dreamers) que parece tener obsesionado al presidente Donald Trump en los últimos días. En el discurso del Estado de la Unión del martes, el mandatario se negó a llamar con ese nombre a los jóvenes llegados a Estados Unidos en su infancia que no lograron regularizar su estatus y, en su lugar, optó por definirlos como “inmigrantes ilegales que fueron traídos por sus padres”.

Además, afirmó que “todos los estadounidenses son dreamers”, en un intento por quitar peso a la marca de este grupo que ya se ha convertido en un emblema de la lucha inmigrante. Trump ahondó en esa idea dos días después ante congresistas republicanos en un encuentro en Virginia Occidental: “Algunos los llaman dreamers. No son dreamers. No caigan en esa trampa. Es muy diferente. Yo lo dije la otra noche. Nosotros también tenemos soñadores en este país. No podemos olvidarnos de nuestros soñadores aquí”, apuntó.

Pero si el presidente echa mano de archivo podrá comprobar que la palabra “dreamers” lleva más de 15 años vinculada a esos jóvenes que se han criado en Estados Unidos y se sienten estadounidenses. De hecho, el origen del nombre está en una iniciativa legislativa presentada por un senador de su propio partido, Orrin Hatch, republicano de Indiana.

 

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Escalante lamenta que Trump solo reconozca a los dreamers como “inmigrantes indocumentados”. Juan Escalante/Facebook

 

“Evidentemente el nombre fue planeado con esa sigla para poder usarla de una manera más efectiva con un simbolismo específico que es apelar a la idea del sueño americano en términos de que este es un país de oportunidades para todos”, explica la periodista mexicana Eileen Truaux, autora del libro titulado: Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano. “En aquel momento, los posibles beneficiarios de la ley comenzaron a ser conocidos como dreamers”, añade en entrevista con Univision Noticias.

Sin embargo, el término tardaría casi una década en popularizarse y empezar a surgir como un movimiento. Poco después de que se presentara la primera versión de la ley, con los atentados del 11 de septiembre, se paralizó cualquier posibilidad de reforma migratoria y aunque se presentaron otras versiones del Dream Act, no fue hasta 2010 cuando realmente se vio una posibilidad real de que se aprobara.

 

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Javier Hernández Kistte tiene 27 años y vive en los Ángeles. Llego a EE. UU. desde la cuidad de México cuando tenía ocho años y se graduó en la Universidad de California en Irvine. Conto a la agencia Reuters que ser beneficiario de DACA le ayudo a pagar sus estudios. “Mis padres todavía son indocumentados y como familia luchamos con la ansiedad de que puedan ser deportados en cualquier momento” agrego. FOTO: Lucy Nicholson/Reuters/Univisión

El ascenso del movimiento Dreamer

“Los chicos se dieron cuenta que después de 2010 no iba a haber una oportunidad de aprobar el Dream Act en muchísimos años y que ellos tenían que echar mano de algo más, que no podían dejar su futuro en manos del Congreso”, señala Truaux.

Ahí fue cuando, impulsados por la popularización de redes sociales como Facebook Twitter o Myspace, el movimiento Dreamer comenzó a conectarse a nivel nacional, a tener una mayor visibilidad y madurez política y a hacer cabildeo.

 

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Martha Valenzuela tiene 23 años y llego a los dos años desde Sinaloa, México. Se graduó en la Universidad del estado de California. Sobre el fin del programa DACA del cual es beneficiaria dijo a Reuters: “Me rompió, es traumático porque he vivido en este País durante 21 años. Todos queremos un camino a la ciudadanía, todos queremos protección para nosotros y nuestras familias” FOTO: Lucy Nicholson/Reuters/Univisión

Con el lema “undocumented and unafraid” (“indocumentado y sin miedo”) , muchos empezaron a salir de las sombras para presentarse al país como soñadores que querían estudiar y retribuir al país que los recibió. “Fueron muy buenos estrategas en presentar sus historias como jóvenes estudiantes que desean convertirse en médicos, enfermeras, abogados o ingenieros para devolverles a este país lo que les ha dado. Cuando pusieron ese discurso en los medios de comunicación y cuando se empezó a hacer público, se comenzó a construir un escudo en torno a ellos”, opina Truaux.

Sin embargo, el Dream Act no salió adelante en 2010. Pese a avanzar en la Cámara Baja, controlada por los demócratas, se quedó a cinco votos de ver la luz verde en el Senado y los soñadores se mantuvieron desprotegidos hasta 2013, cuando el expresidente Barack Obama firmó una orden ejecutiva para crear el Programa de Acción Diferida (DACA) que otorgó permisos de trabajo y protegió de la deportación a unos 800,000 dreamers que llegaron a Estados Unidos como menores.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su ascenso al poder empujado por un discurso antiinmigrante generaron incertidumbre en los dreamers. Y, si bien Trump dijo inicialmente que no deberían estar muy preocupados porque él tenía un “gran corazón”, su gobierno suspendió DACA y lanzó la pelota al Congreso para buscar una solución para los soñadores.

 

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Barbara Hernández tiene 26 años. Vive en Santa Ana y se graduó en la Universidad Comunitaria de Orange coast en California. Llego a EE. UU. desde la cuidad de México cuando tenía seis años. Trabajaba como maestra de educación especial hasta que DACA fue derogado por el nuevo gobierno. “Ese fue el trabajo más gratificante y amoroso que he tenido, pero con este gobierno y el fin de DACA estaba muy asustada” Aseguro la dreamer. FOTO: Lucy Nicholson/Reuters/Univisión.

 

 

El presidente ha presentado un plan para legalizar a 1.8 millones de dreamers pero lo ha supeditado a la construcción del muro con México, al fin de la inmigración irregular y a la reducción de la inmigración legal y la reunificación familiar.

Estadounidenses sin papeles

Por eso, muchos dreamers consideran que la Casa Blanca está tomándolos como moneda de cambio en su estrategia de negociación para lograr una reforma legal. “La crisis que enfrentan los dreamers y sus familias es urgente, pero los jóvenes inmigrantes no serán chantajeados con que conseguirán su propia seguridad a cambio de dañar a las comunidades fronterizas”, escribe Lorella Praelli, directora de política migratoria de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), quien también fue dreamer.

En un artículo en la revista Time titulado Los dreamers también son estadounidenses, Praelli critica a Trump por “usar a los Dreamers para dañar a otros inmigrantes”.

“Trump dice que quiere tratar a los dreamers con amor, pero todo lo que vemos es un golpetazo en la cara a los dreamers que han peleado por años por un reconocimiento que él no nos quiere dar y también al resto de nuestra comunidad”, afirma Juan Escalante, un soñador de origen venezolano que ahora ejerce como director de campañas digitales de America’s Voice.

Escalante lamenta que Trump no reconozca como estadounidense a gente que como él se crió en este país y que los descarte como “inmigrantes ilegales”.

“Somos estadounidenses aunque nos falte un papel”, insiste.

 

A su juicio, el hecho de que los dreamers estén plenamente inmersos en la cultura estadounidense hace que a estos jóvenes les resulte fácil encontrar aliados fuera del movimiento y generar empatía con un país que los aprecia.

Así lo demuestran las encuestas que indican que cerca del 80% de la población considera que hay que permitirle a los dreamers permanecer en el país.

Por su parte, ellos están dispuestos a seguir adelante con su lucha y no quieren dejar atrás a sus familias. Por eso, no están dispuestos a usarlas como rehenes en la batalla por su legalización que ya se extiende por más de una década.

Por Lorena Arroyo

UNIVISION

 

 

 

 

 

 

 

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