EE.UU.: ¿Tiene de verdad que cerrar el gobierno y bloquear Obamacare? Dossier

capitolio ensombresido

 

DOSSIER: VARIOS AUTORES

SIN PERMISO

 

 

Este dossier consta de los siguientes textos:

1) James K. Galbraith: El gobierno no tiene que pedir prestado para gastar

2) Alejandro Nadal : Guerra ideológica: la clausura de un gobierno

3) The Lancet : La asistencia sanitaria en los EE.UU. en la cuerda floja

4) Andy Borowitz: Millones de personas huyen de Obamacare

 

 

El gobierno no tiene que pedir prestado para gastar

Por James K. Galbraith *

 

El techo de la deuda fue promulgada en 1917 con un propósito: para engañar a los palurdos de casa . Cuando el Congreso comenzó a acumular deudas para pagar la guerra, votaron el techo para aparentar lo contrario. Y por eso, cada vez que se alcanza , debe ser elevado .

El techo de la deuda también es un anacronismo. Se basa en la idea de que el gobierno tiene que recaudar dinero de otra parte, antes de gastarlo. Eso era cierto en los días del patrón oro. No es así ya para los EE. UU. , por lo menos desde la creación de la Reserva Federal en 1913.

En el mundo moderno, cuando el Tesoro firma un cheque a nuestro nombre, el banco acredita nuestra cuenta por esa cantidad. Así es como funciona la creación de dinero. El Tesoro emite bonos para absorber ese dinero. A los bancos les gusta porque los bonos pagan más intereses que las reservas. Pero no hay nada que haga de los bonos algo económicamente necesario. Esto es evidente en cuanto la Reserva Federal vuelve a comprar muchos de ellos, entregando al público el dinero que habría tenido en el primer lugar.

¿Podría el Tesoro ahorrarse este galimatías y pagar sus cuentas sin la existencia de los bonos? Económicamente, claro. ¿Por qué no? Bueno, la FED tiene reglas para regular los “sobregiros”, pero aparte de esto, la respuesta es simple: al hacerlo revelaría que la “deuda pública” es una ficción y el techo de la deuda una farsa .

Bajo la actual legislación, Jack Lew incluso podría pagar la deuda pública en poder de la Reserva Federal mediante la emisión de una moneda de alto valor de curso legal – siempre y cuando la moneda sea de platino. Una moneda que no es deuda, así que un simple intercambio retiraría la deuda en manos de FED y reduciría la deuda pública total por debajo de cualquier límite dado.

Es un truco, claro. ¡Pero también lo es el techo de la deuda! Legalmente, los funcionarios del Presidente tienen la facultad de utilizar un truco para desinflar el otro. ¿Por qué no lo hacen? La respuesta de nuevo es evidente : están atrapados por el aura de mala fe de esta ley de mala fe .

Han decretado que si el techo de la deuda se rompe, pueden ocurrir cosas terribles. Y por lo tanto, si el techo no se eleva, pueden pasar cosas terribles….o la farsa se desmorona.

Se debe simpatizar con ellos. Pero no demasiado, por favor.

James K. Galbraith es profesor de gobierno y relaciones empresariales en la Escuela Lyndon B. Johnson de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas*

 

Guerra ideológica: la clausura de un gobierno

Por Alejandro Nadal *

Para la agenda neoliberal el gobierno siempre es el enemigo. Es el diablo que hay que eliminar, no importa que eso pueda provocar una recesión o una crisis. El breviario ideológico de la derecha es el mismo, de Grecia a Washington, pasando por Berlín y Bruselas.

El cierre de las operaciones de rutina del gobierno estadounidense es el último resultado de una furiosa ofensiva ideológica lanzada por el núcleo ultraconservador del Partido Republicano. Su dominio en la Cámara de Representantes le permitió desafiar a la Casa Blanca. El pretexto es frenar el gasto público y el endeudamiento “excesivos”. El objetivo real es destruir la reforma de salud que impulsó la administración Obama y atajar cualquier intento que tenga visos de regresar a esquemas parecidos al estado de bienestar (en especial en materia de salud y educación).

El esquema de la reforma en salud de Obama no tiene nada de radical: sus beneficiarios son unos 40 millones de personas que anteriormente carecían de un seguro médico y… las compañías de seguros. Pero el eje ultra de los republicanos considera al Obamacare, como le dicen peyorativamente, un paso más en la ‘inexorable marcha hacia el socialismo’ impuesta por el gobierno ‘central’. Por eso retó al ejecutivo buscando imponer una enmienda en la ley del presupuesto para impedir el financiamiento de la reforma de salud.

El argumento de los republicanos es que “el pueblo de Estados Unidos no quiere la reforma Obamacare”. Pero esa reforma fue aprobada por el Congreso hace un año y fue debidamente promulgada. Un grupo neoliberal argumentó que era anticonstitucional y el caso llegó hasta la Suprema Corte. El fallo del tribunal fue claro: la reforma sobre salud está de acuerdo con los términos de la ley suprema de la unión. Aun así, el núcleo ultraconservador de los republicanos dice “saber” que el pueblo está en contra y eso le confirma su decisión inquebrantable de oponerse al gobierno federal.

Para estos caballeros de la pureza neoliberal, todo se vale. Por ejemplo, el senador republicano de Texas Ted Cruz subió a la tribuna y habló durante veintiún horas, comparando al gobierno con el régimen Nazi y con la Unión Soviética. La táctica de ocupar la tribuna es permitida a un orador (aunque con algunas restricciones como la de no poder sentarse o ir al baño) pero el desplante de Cruz no pudo evitar que el Senado votara las enmiendas necesarias para desbloquear los fondos requeridos por la reforma en materia de salud de Obama. Aunque puede ser prematuro para hacer conjeturas, es posible que la maniobra de Cruz se le revierta a los republicanos. Lo cierto es que en la guerra ideológica nada se perdona, especialmente si se tiene la consigna de no tomar prisioneros.

La economía estadounidense sigue estando en una situación delicada. Su fragilidad se puede observar en casi todos los indicadores importantes: tasa de crecimiento, mercado laboral, construcción y precios de bienes raíces, desconfianza de los hogares frente a la incertidumbre, inversión endeble, etcétera. El cierre de las operaciones del gobierno ciertamente no ayuda en un contexto en el que la demanda agregada todavía no se acaba de recuperar. Por supuesto, la magnitud del efecto negativo depende de la duración del cierre de operaciones: un cierre de tres semanas podría restarle 1.4 puntos porcentuales al crecimiento del último trimestre del año en curso. Eso sería desastroso para la economía estadounidense y sus satélites (léase México).

El drama del cierre gubernamental debe ser evaluado a la luz de los efectos de la austeridad fiscal en Europa. El año pasado el Fondo Monetario Internacional admitió haberse equivocado al subestimar el impacto de la política de austeridad fiscal sobre la actividad económica. Los modelos del FMI partían del supuesto de que un recorte fiscal equivalente al uno por ciento del PIB tendría un multiplicador de 0.5. Pero en octubre 2012 el FMI dio a conocer un estudio sobre 28 economías que descubrió multiplicadores de entre 0.9 y 1.7. Es decir, la llamada consolidación fiscal (en búsqueda de reducir el déficit) ha tenido un impacto negativo sobre el crecimiento hasta tres veces más severo que el pronosticado por los modelos del FMI. A pesar de esto, la OCDE y el comisionado Olli Rehn siguen empeñados en sus alabanzas a la austeridad fiscal aunque la tasa de desempleo supera 27 y 26 por ciento en Grecia y España, respectivamente.

En este último episodio de guerra ideológica los ultraconservadores enarbolan la bandera de “bajos impuestos, menos gobierno y más libertad”. Es una vieja canción que se promueve por los neoliberales. Es la consigna del uno por ciento que se ha beneficiado por el neoliberalismo. Mientras Fox News pueda seguir moldeando la opinión pública a su antojo, una parte importante de la población estadounidense podría seguir avalando ese lema. Pero el estancamiento económico, con su secuela de desempleo, pobreza y desigualdad no va a desaparecer. La clausura gubernamental prolongará y profundizará el letargo de la economía estadounidense.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso*

 

 

La asistencia sanitaria en los EE.UU. en la cuerda floja

Por The Lancet *

En el precipicio de un cierre del gobierno -el primero desde 1996, durante la administración Clinton-pende de la cuerda floja el destino del sistema de salud en los EE UU. El 1 de octubre 2013, como parte de la aplicación de la asediada Ley de Asistencia Asequible y Protección del Paciente (ACA) -la amplia reforma de la sanidad a menudo conocida como “Obamacare”-, era la fecha de lanzamiento del mercado de seguros de salud, la contribución legislativa de la ley. Ese día, todos los 50 estados tenían que tener listos los mecanismos de los seguros de salud para que los consumidores pudiesen acogerse. En los días previos a la fecha límite, que también coincide con el final del año fiscal 2013, el Congreso se ha visto envuelto en una feroz batalla por el presupuesto federal, con el ACA en el meollo del conflicto.

A cambio de la aprobación de una ley de financiación del gobierno que eleve el techo de la deuda, los republicanos en la Cámara de Representantes exigen dos modificaciones importantes: la derogación de un impuesto sobre los productos sanitarios y posponer la aplicación del ACA un año. El Senado se negó, comprometiéndose a no aceptar un proyecto de ley con estipulaciones anti-Obamacare. El proyecto de ley ha ido de una cámara a otra y, sin una resolución, el gobierno federal se ha visto obligada a cerrar.

El presidente Obama ha prometido que a pesar del cierre, las bolsas de seguros médicos se abren, pero los retrasos son inevitables. Los servicios para las pequeñas empresas y en español, por ejemplo, no van a entrar en servicio hasta por lo menos dentro de un mes. Por otra parte, el cronograma planificado para la aplicación del propio ACA también tiene problemas. Aunque los mecanismos de inscripción deben comenzar este año, los límites para los pagos directos de las prestaciones no entrarán en vigor hasta 2014- permitiendo durante todo un año que los consumidores tengan que hacer frente a una posible espiral creciente de costes. Los recortes previstos a Medicare Advantage (aproximadamente 500 millones de dólares), un partenariado público-privada del que dependen la mayoría de los estadounidenses mayores de 65 años se han ido retrasado desde 2012 sin un que sea previsible cuando tengan lugar. Sin embargo, la financiación de la expansión de Medicaid, el programa de cobertura de salud que es el eje del plan para subvencionar a la mayor parte de los 41 millones de estadounidenses sin seguro, depende de que se le transfieran fondos de Medicare. Aunque sea posible superar estos obstáculos, es probable que el enrarecido clima político y la polarización ideológica provoquen otros problemas imprevistos y cambios de cronograma que dificulten su aplicación con éxito.

Más allá de los grandes pulsos políticos, ¿hay alguna evidencia que permita juzgar la aplicación inicial del ACA? Como componente operativo del ACA, el concepto de mercado de los seguros sanitarios fue diseñado para incorporar dos características fundamentales: hacer más fácil la compra de cobertura sanitaria centralizando el proceso y hacerlo más accesible económicamente al forzar la competencia entre proveedores de manera que ofrezcan el espectro de servicios más amplio al menor coste. Hasta el momento, sus detractores afirman que es un fracaso, citando la reticencia de los empresarios a proporcionar la cobertura obligatoria y aumentos importantes de las primas de salud en algunos estados. Los nuevos datos publicados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos revelan una imagen menos pesimista, aunque más compleja. En el análisis más completo hasta la fecha, los datos de 36 estados sugieren que el número de proveedores de seguros varía mucho entre los Estados, de uno solo hasta más de diez. La noticia positiva es que la competencia si reduce los costes. Cuanto mayor sea el número de proveedores, menor es la prima media -lo que significa que al menos uno de los objetivos del mercado de seguros sanitarios se está logrando. Mientras los equipos en todo el país apuran los preparativos del mecanismo en cada estado para que este listo la fecha límite, no hay certeza alguna de que, una vez en funcionamiento, el mercado de seguros sanitarios facilite la compra de pólizas a los consumidores. Con el abanico de niveles de cobertura, planes y primas – diferentes de un estado a otro- -las personas que reúnan los requisitos tendrán una considerable cantidad de trabajo para decidir cual es la mejor opción. Los operadores no tendrán más remedio que hacer un seguimiento permanente para verificar la información y ajustar con precisión la compra de las pólizas después del llamado “lanzamiento suave” del sistema en cada estado.

Lo que está claro es que, incluso en condiciones óptimas, el mercado de seguros de salud es un trabajo no acabado, que implica el compromiso de miles de funcionarios públicos, administradores, consultores, programadores y, en última instancia, los consumidores. El destripe del ACA y el bloqueo de los mecanismos del mercado de seguros sanitarios en los estados, como parte de arriesgadas maniobras para obtener concesiones políticas, es un ataque irresponsable y miope contra la defensa de la salud y el bienestar de los estadounidenses. Independientemente del cumplimiento de los plazos arbitrarios, los esfuerzos de estos individuos convergen en el objetivo fundamental de desmontar el sistema de salud de los EE.UU.. La reforma sanitaria es un proceso que debe comenzar en alguna parte y se adaptará y evolucionará con el tiempo. El ACA ofrece ese punto de partida: no debe haber vuelta atrás.

Para más información sobre Obamacare ver http://www.thelancet.com/lancet-news-audio/

Para más información sobre las primas de mercado de seguros de salud para 2014 véase http://aspe.hhs.gov/health/reports/2013/Marketplace%20Premiums/datasheet_home.cfm

The Lancet es una reconocida revista médica publicada en el Reino Unido.*

 

 

Millones de personas huyen de Obamacare

Por  Andy Borowitz *

Millones de partidarios del Tea Party huyen de los Estados Unidos, en busca del “sueño americano de la libertad de la atención sanitaria. ”

ESTADOS UNIDOS – Millones de partidarios del Tea Party huyó de Estados Unidos en las primeras horas de la mañana de hoy , en busca de lo que uno de ellos llamó ” el sueño americano de ser libres del sistema sanitario”.

Harland Dorrinson , de 47 años , un vendedor de neumáticos de Lexington, Kentucky, empacó su familia y las pertenencias que pudo encajar en su Chevy Suburban apenas unas horas antes de que los mercados de seguros de salud entraran en funcionamiento , uniéndose a la Caravana por la Libertad del Tea Party con un objetivo en mente : escapar de Obamacare.

” Mi padre no tuvo atención médica y tampoco el padre de mi padre antes de él”, dijo. “Que me aspen si creen que voy a dejar que mis hijos la tengan”.

Pero después de conducir más de diez horas hasta la frontera con Canadá, Mr. Dorrinson quedó consternado al enterarse de que el vecino septentrional de los EE.UU. yace bajo el yugo de un sistema público de salud desde hace décadas.

“El policía de fronteras parecía tan tranquilo cuando me lo dijo , como si fuera la cosa más normal del mundo”, señalo Mr. Dorrinson. “Es como si le hubieran lavado el cerebro con el servicio público de salud”.

Alejándose de Canadá, el Sr. Dorrinson se unió a una columna de coches del Tea Party hacia el sur, a México , y declaró : “Es posible que tengan carteles de la droga y narcoterrorismo ahí abajo , pero al menos han sabido como impedir que se cree un sistema público sanitario”.

Mr. Dorrinson se encontraba a medio camino de la frontera con México cuando escuchó a través de la red de radios del Tea Party que México también tiene un sistema de salud pública , al igual que Gran Bretaña , Japón , Turquía, España , Bélgica, Nueva Zelanda , Eslovenia, y docenas de otros países a los que había considerado como posibles refugios en su huida.

Sin desanimarse , Mr. Dorrinson dijo que había empezado a buscar en otros países , como Chad y Corea del Norte , pero expresó su sorpresa ante un mundo aparentemente invadida por los sistemas públicos de salud.

“Resulta que Estados Unidos es uno de los últimos países del Planeta en tenerlo “, dijo. “Me siento orgulloso de ser estadounidense”.

Andy Borowitz es un periodista independiente estadounidense que publica el Borowitz Report*

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