Occidente y su crisis terminal de valores

 

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Por Max Murillo Mendoza

Cambio

 

 

Este 1 de mayo salieron los desocupados en occidente a reclamar las promesas incumplidas del sistema occidental. Millones de expulsados por el sistema financiero rapaz y oligárquico, millones de desamparados y despreciados por sus propios gobiernos en Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia ocuparon las calles de sus ciudades recordando a otros obreros de antaño que murieron por algo de dignidad y gloria en esta vida.

El desprecio de occidente hacia sus poblaciones, sobre todo de clases  medias, obreras e incluso indígenas, ha rayado en lo más indignante y antihumano que la propia historia relata como asuntos ya del pasado y resueltos.

Pero esta crisis terminal de occidente nos recuerda, cómo no, que el sistema occidental sigue siendo cruel e inhumano. Hoy sofisticado, encubierto por la “revolución” tecnológica de la informática, encubierto por teorías de posmodernismos para diferenciarse de las explotaciones brutales de los siglos XIX y XX. Sin embargo, en esencia, siguen las mismas lógicas depredadoras y concentradoras de riqueza que destruyen toda posibilidad de convivencia social y algo más humana.

La evidencia es enorme: occidente ha fracasado y su sistema globalizado es un cadáver que hiede en todo el mundo. Pero occidente, o sus oligarquías, no quieren aparecer como tal. Quieren perpetrarse por los siglos de los siglos, realizando gambetas sofisticadas y tecnológicas en sus sistemas de explotación y expoliación. Sus instituciones se aferran a lo irracional: calentamiento global y crisis financiera brutal. Se adornan a sí mismos con teorías y complejos sofismas para seguir agonizando.

Su agonía se tiñe también de sangre, porque necesitan de guerras para sobrevivir como sistema. Y ese es su rostro verdadero: guerrerista e invasor desde el siglo XV. Y no puede con su carácter guerrero e hipócrita.

Mientras conquistan el espacio y ya quieren habitar Marte, sus poblaciones se debaten en la incertidumbre e incluso en estos días en la pobreza y la miseria. Qué paradojas: la ciencia y la tecnología no han resuelto sus propios dilemas.

En el sur del mundo saldremos a las calles a recordar a nuestros mártires, a nuestros héroes, a nuestros olvidados e incógnitos que han dado su sangre para que nosotros sigamos en sus huellas. Y sabemos bien de las contaminaciones occidentales, todavía seguimos con esas lógicas fracasadas e irracionales. Nos contaminaron desde el siglo XV, nos impusieron esas instituciones fabricadas para esos sistemas obsoletos e irracionales, hoy inhumanos y que no resuelven las mínimas y básicas exigencias humanas. A pesar de seguir con esas pesadillas, pues saldremos a las calles a recodar a los nuestros.

Desde el sur del mundo, empujemos otras variables de desarrollo, más solidarias y precisamente humanas. Nada fácil cuando estamos contaminados con estructuras mentales impuestas desde el siglo XVI. Pero salgamos a las calles, mantengamos ese filón de rebeldía que nos ha caracterizado desde siempre, porque desde siempre nos hemos rebelado contra el monstruo de occidente, a pesar de su poder y su soberbia. Hoy más que nunca, seamos referentes para el mundo. Los despreciados y desocupados del norte deben saber que estamos con ellos, que sus causas son nuestras también.

El proceso todavía es largo. Tenemos poderosos enemigos y glorificadores de occidente. Ciegos y tuertos siervos de occidente. Que no tienen idea alguna de nuestras lógicas y cosmovisiones.

Que no creen en nuestras fuerzas y nuestras posibilidades. Y son fuertes porque todas las estructuras están a su favor, que ellos han construido y se cobijan en esas estructuras mentales, sociales y económicas. Estos siervos no desean pensar en otras posibilidades, en otras maneras de ver el mundo sino en aquellas estructuras fracasadas del desarrollo occidental.

Política y económicamente son todavía fuertes, y están presentes en sus medios de incomunicación y sus sistemas institucionales de recreación de estas lógicas: escuela, iglesia, economía. Los hilos conductores siguen en esas manos. Ciertamente el proceso es largo y está plagado de peligros. A pesar de ello debemos depender de nosotros mismos. Recordamos otro primero de mayo glorioso: por nuestros muertos, nuestros mártires y héroes.

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