La reforma migratoria, una amarga píldora

inmigracion, marcha en los angeles

 

Por Max J. Castro

Progreso Semanal

 

 

¿Habrá llegado al fin el momento para que el Congreso de EE.UU. se enfrente seriamente a la realidad de once millones de inmigrantes indocumentados en este país, los cuales viven en constante temor de su detección y deportación por parte de autoridades de inmigración, mientras que trabajan muchas horas a cambio de un magro salario y realizan algunas de las tareas más duras y necesarias de la economía?

A decir de las últimas noticias parece que sí. La “pandilla de los ocho”, un grupo de cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas, el cual ha estado trabajando durante meses para producir un proyecto de reforma completa de la inmigración, anunció el pasado fin de semana que ha llegado a un acuerdo en principio acerca de todos los temas más importantes.

El paquete de reforma inmigratoria del grupo, que tiene el apoyo de la mayor organización sindical del país así como de los negocios, será presentado al Senado tan pronto como esta semana. El acuerdo se promociona como un raro éxito del bipartidismo. El optimismo fluye a través de una amplia parte del espectro ideológico, desde el representante republicano por la Florida Mario Díaz-Balart, a la derecha, hasta el demócrata por Illinois Luis Gutiérrez, a la izquierda.

Por supuesto, acerca de este tema con anterioridad hemos presenciado acuerdos tentativos y altos niveles de optimismo, solo para ver cómo todo se desmorona y se destruyen las esperanzas. Sin embargo, muchos expertos, así como políticos, dice que esta vez es diferente, aunque no sea más que por el hecho de que los estrategas republicanos están tratando desesperadamente de evitar una paliza similar o peor a manos de los electores latinos en la próxima elección presidencial.

Al mismo tiempo, muchos republicanos en el Congreso están más preocupados por perder sus escaños en las primarias a manos de retadores apoyados por el Tea Party que alienarse nacionalmente el voto latino. La inmigración ilegal es para el Tea Party lo que Satanás es para los fundamentalistas cristianos. Se oponen con fuerza a cualquier reforma que incluya un camino hacia la ciudadanía, la cual todos califican de “amnistía”.

La obstinación republicana acerca de la reforma a la inmigración puede que agrade al Tea Party, pero ya comenzado a provocar la ira de unos electores republicanos clave que cada vez se hace oír más. Un ejemplo: después de que los senadores por Utah Orrin Hatch y Mike Lee urgieron al Senado a enlentecer la reforma de inmigración, los líderes de la Cámara de Comercio del estado se enfurecieron. The Salt Lake Tribune reportó que:

“El jefe de la Cámara de Comercio de Salt Lake atacó a los senadores de Utah el sábado por enlentecer la reforma de inmigración que dijo que los negocios mucho necesitan.
‘“Quizás sea hora de destituirlos y sustituirlos por gente que comprendan lo que necesitamos en los negocios’”, dijo Lane Beattie.

Los comentarios de Beattie se hicieron en momentos en que líderes de ocho cámaras de comercio del estado se reunían en lo que llamaron una “demostración de fuerza”, y alentaron a la delegación congresional de Utah a actuar con rapidez en un paquete de reforma inmigratoria que incluyera una expansión de las visas para trabajadores altamente calificados y un camino hacia la ciudadanía para el estimado de once millones de inmigrantes que se encuentran de manera ilegal en el país.

Los senadores republicanos Orrin Hatch y Mike Lee firmaron recientemente una carta en la que alentaban a los líderes del Senado a andar pausadamente en la reforma inmigratoria y convocar a una serie de audiencias de comités acerca de las propuestas –un curso de acción que podría tomar meses y quizás más de un año.

“Pero Beattie argumentó que la inmigración es un tema que ha sido estudiado lo suficiente y la comunidad de negocios está suplicando al Congreso que actúe con rapidez.

‘“Personalmente me encuentro muy decepcionado con nuestros dos senadores’”, dijo. ‘“Que ellos vengan y [digan] que creen que necesitamos más tiempo me parece absolutamente ridículo. No sé de un tema que haya tenido más tiempo, más discusiones, más promesas, y más decepción que la inmigración’.”

Llámenlo una estratagema ABC. Dice así: las encuestas muestran que los electores republicanos por lo general se oponen a una ruta hacia la ciudadanía, excepto bajo ciertas condiciones estrictas. A fin de neutralizar la oposición republicana, la reforma inmigratoria debe ser A: prolongada; B: dolorosa; y C: punitiva. Y esa es la clase de propuesta con la que se aparece la pandilla de los ocho. Bajo el plan, los inmigrantes indocumentados tendrán que esperar una década solo para aspirar a la residencia permanente.

Incluso entonces no obtendrán la anhelada “tarjeta verde” (que ya no es de ese color), a no ser que un panel especial certifique que “la frontera es segura”. Esa es una norma que, en dependencia de cómo se defina la seguridad de la frontera, puede que sea imposible cumplir. La seguridad es relativa. No hay seguridad absoluta. Por tanto, esta disposición podría convertirse en una fórmula para mantener indefinidamente a los inmigrantes en el limbo.

En caso de que logren obtener la residencia, los inmigrantes aún tienen que esperar tres años adicionales antes de que puedan solicitar la ciudadanía. Como cada paso en el proceso implica atrasos significativos entre la solitud y la aprobación, con suerte un inmigrante indocumentado puede que se convierta en ciudadano hasta después de 15 a 20 años.

Mientras tanto, no serán elegibles para recibir ningún servicio gubernamental, sea cual fuera, incluyendo servicios médicos. La única excepción será la educación pública. (Una decisión del Tribunal Supremo falló que es inconstitucional negar la educación pública a cualquier niño que resida en Estados Unidos.) Pero siempre tendrán que pagar multas aún no especificadas, así como pagos sustanciales para solicitar la residencia y la ciudadanía.

La reforma propuesta a la inmigración, que es relativamente amistosa hacia los negocios, puede ayudar a aplacar parte de la furia sentida por gente de negocios en Utah y el resto del país. Pero si los republicanos creen que este proceso duro, rencoroso y poco acogedor hará que los latinos sientan calidez hacia el partido y se sientan abrigados por él, van a recibir una ruda y merecida sorpresa.

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