Hugo Chávez, antimperialista, socialista y latinoamericano inmortal

todos somos chavez

 

 

Por Carles Muntaner y Joan Benach

Publico

 

 

La muerte de Hugo Chávez ha llenado de tristeza a millones de trabajadores/as y a las clases populares alrededor del globo, a la que los ricos y poderosos del capitalismo en crisis se han regocijado. A pesar de los millones de dólares destinados a sacarle del poder por las malas, el líder venezolano consiguió mejorar las condiciones de vida de su pueblo y transformar el horizonte político de América Latina liderando un giro a la izquierda [*].

En lo económico, Chávez logró una mayor igualdad con subidas del salario mínimo, las pensiones, y remuneración del trabajo doméstico, todo lo cual tuvo como resultado una notable reducción de la pobreza y de la desigualdad de ingresos. A pesar del las contradicciones que supone fomentar el consumismo de clases medias (por ejemplo, en la aspiración de un automóvil para todos), Chávez fomento alternativas socialistas que fueron más allá de la socialdemocracia europea. Así, encontramos zonas no capitalistas, “empresas de producción social”, cogestión y cooperativas, y varias nacionalizaciones.

En lo político, Chávez consiguió aglutinar grupos nacionalistas y socialistas en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y mantener un equilibrio que le llevó a conseguir más de 10 victorias electorales. Sus programas sociales, las famosas “Misiones”, llevaron la atención primaria a los cerros de Caracas y a la mayoría de la población. La Misión Mercal permitió que las clases trabajadoras accediesen a una alimentación de mayor calidad, a pesar de las carestías aún existentes. Las clases sociales más explotadas tuvieron acceso a la educación, entre los que se cuentan los programas que intentan cambiar el origen social de la “clase médica” para intentar hacerla más sensible a las necesidades de la población. Los Consejos Comunales permitieron que las comunidades afectadas tuvieran control directo sobre la gestión de los servicios sociales en los que se incluye la salud pública, el agua, la propiedad, la educación, el deporte, la prevención de riesgos para la salud, y la vivienda, entre otros. Es cierto que se cometieron errores de planificación y de otra índole. Pero incluso con problemas de planificación urbanística no se puede comparar el bienestar proporcionado por un piso amueblado con electrodomésticos con el de un rancho en los cerros. La corrupción en la empresa petrolera estatal PDVSA se redujo. El sistema judicial y la criminalidad en Caracas siguieron siendo sin embargo muy elevados, tal vez debido en parte a la aversión que Chávez sentía hacia la represión estatal.

¿Quién da más?

En lo cultural, Chávez tuvo la osadía de romper con las barreras que el clasismo universitario está imponiendo cada vez en mayor medida en los países del Norte. El mal llamado “populista” no era tal. Conjugaba la astucia de un Fidel con el romanticismo del Che, lo que le hará pasar a la historia de los latinoamericanos inmortales junto a Allende, Neruda, Guevara, Martí y tantos más. No le conocíamos bien pero cara a cara en “Aló Presidente”, en Miraflores, parecía un hombre más cerebral, consciente y reflexivo que su imagen pública, y desde luego muy valiente. Su capacidad de comunicación con su pueblo, las clases trabajadoras de Venezuela, y por extensión de Latinoamérica y el mundo entero, no tenía comparación. Podía hablar de Meszaros, Marx, Chomsky con la misma falta de pretensión, sencillez, y claridad con la que hablaba de béisbol o cantaba una ranchera o una canción de Alí Primera. Sin hacer esfuerzo alguno rompía las barreras del elitismo de clase media alta que hace de la cultura un bien mercantilizado al alcance de unos pocos con altos estudios universitarios. No había en él ni un ápice de complejo de inferioridad neocolonial, admiración por la cultura anglosajona o de identificación con el opresor. A Chávez no le importaba lo que los imperialistas del norte pensaran de él. Esa era una de las razones por las cuales los medios le atacaron sin piedad con un fervor frenético.

Las especulaciones sobre el futuro de la Revolución Bolivariana, al menos las del norte del río Grande, infravaloran el cambio conseguido bajo Chávez. Hoy en día hay una integración Latinoamericana en ciernes. El pueblo venezolano, “Chávez es el pueblo”, es consciente de sus derechos constitucionales y está dispuesto a defenderlos. A pesar del sectarismo, de la Boliburguesía, los militares de derechas, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la interferencia extranjera, será extremadamente difícil que logren hacer dar un paso atrás si las clases trabajadoras y una parte de las clases medias se oponen.

La izquierda timorata del Norte debería aprender mucho de él, de su coraje y de su obcecada determinación a cambiar el curso de la historia. Se negó a seguir el guión que le había escrito el neoliberalismo imperialista. Se creía el heredero de Bolívar, consiguió que le creyéramos y acabo siéndolo. Para evitar la destrucción del planeta harán falta muchos Chávez y muchos pueblos bolivarianos.

¡Uh Ah, Chávez no se va!

 

 

Carles Muntaner es Catedrático de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría de la Universidad de Toronto y miembro de GREDS/EMCONET, Universitat Pompeu Fabra.

Joan Benach es Profesor de Salud Laboral y de Salud Pública de la Universitat Pompeu Fabra y director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud (GREDS/EMCONET), Universitat Pompeu Fabra.

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