La economía como efecto de la ideología

 

 

Por Jaime Richart

 

 

No sé si será porque lo confirman ya muchas eventualidades o quizá sencillamente por mi edad, pero ni la canalla economista ni la política me inspiran ya ningún respeto…

Y esto es así cuando uno descubre que el estudio de la economía está determinado e impuesto previamente por una ideología, consciente o inadvertidamente asumida. Especialmente la ideología de los ensayistas mediáticos neocons (los Kaplan y compañía) que hace más o menos veinte años pusieron en marcha el artefacto financiero que se está revolviendo contra el sistema social entero quién sabe si hasta acabar con él …
La economía siempre fue dueña de la política (Marx decía que ésta es una mera superestructura de lo económico), o por mejor decir, la política siempre estuvo prostituida por la economía. Pero desde hace unas décadas una parte de ella, la financiera, viene produciendo efectos devastadores en la sociedad civil. Es un caballo desbocado. Forman parte del desbocamiento y de la ideología el hecho de que a tres empresas privadas ésta ha encargado la calificación de las cuentas de los Estados. Es cierto que la contabilidad es fundamental en un Estado como en una empresa o una familia. Pero cuando del crédito y del endeudamiento,ideados por la ideología, se hacen motor del desarrollo económico, en el caso de incumplimiento o de insolvencia no se sabe a ciencia cierta si la culpa es del prestatario o del prestamista que no ponderó el riesgo ni las condiciones en que el dinero prestado iba o no a producir riqueza. Sobre todo cuando es de dominio público que el agiotaje y la especulación financiera forman parte de la trama o son un resorte más activo que las leyes de la economía para acelerar el enriquecimiento o la ruina…
Todo esto nos presenta a la economía como hija disoluta de la política. Pero si se desea mantener el sistema nuclear y sanearlo, lo único que puede salvarle y doblegar a la economía consentida es sometiendo a revisión las ideas fuerza, las ideas básicas, al final la ideología que sirve a todo esto de soporte; para evitar que las finanzas sometan a la economía y la economía a la política.
La situación alarmante y en cierto modo caótica que atraviesa esa parte de Europa que no sabe cómo defender la moneda comunitaria ni como atajar las disfunciones del sistema financiero, sobreviene porque los políticos ceden ante las fuerzas financieras y al reduccionismo economicista. Los economistas parecen botarates. No se ponen de acuerdo ni se entienden entre ellos, ni casan las recetas que aporta cada uno. Ni siquiera los Nobel tienen la clave de la solución, pues si la inteligencia del o de los galardonados se correspondiese con la sabiduría que sugiere el galardón, se les entregaría el cetro y todo el mundo acataría los dictámenes del sabio. Pero no. Los economistas, asimilados y aficionados se pronuncian constantemente sin éxito en varias direcciones, y nunca cuenta para ellos la justicia distributiva; lo que a la postre hace crecer, en la medida que otros se enriquecen fácilmente, la presión social y el encabronamiento generalizado.
Aceptémoslo. La economía política es el envoltorio de las ideologías. Las ideologías, al final las ideas sociales dominantes de las clases dominantes, es decir, la filosofía acerca de muchas materias que conforman la vida pública, y no sólo económica y política, son las que ocasionan la confusión y la desorientación. Pero es que el pragmatismo de los que extraen el máximo provecho del caos y de la incertidumbre y tienen la sartén por el mango impide que las estructuras económicas y política que deben cambiar, cambien.
Ahí tenemos la fingida voluntad de los dirigentes políticos de suprimir los paraísos fiscales. La simulación se muestra y demuestra cuando después de varios años todo sigue igual: los paraísos fiscales siguen ahí para quien desee esconder sus beneficios ilícitos.
No obstante creo que el capitalismo financiero ha tocado fondo. Y como no es capaz de hacer felices a las inmensas mayorías, y como todo ello está ligado a la suerte del mismísimo planeta y de las siguientes generaciones, la histeria hace presa del mundo ante la sospecha de que la situación nos conduce a todos al abismo. Y no me refiero sólo al puntual momento crucial para el euro, resuelto cada día con parches que resultan sólo aliviaderos Me refiero sobre todo al efecto que el sistema capitalista, actualmente aún más degenerado de lo que lo ha estado siempre, va a causar al mundo si no se da un brusco giro a las argucias de los depredadores, a la inepcia de los políticos y a la incompetencia de los economistas dominados por una ideología implacable, voraz y cruel con la humanidad y con el planeta.

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