Prohibido soñar

Por Cristhian Diaz *

¿Qué pasa con un sueño postergado? ¿Se marchita como una pasa al sol? ¿Se encona como una rosa y luego supura? ¿Apesta como la carne podrida? ¿O se vuelve una costra dulce, como el almíbar? Puede que sólo se hunda como una carga pesada. ¿O explota?

Langston Hughes

 

Hace 10 años se introdujo una propuesta de ley al congreso de los Estados Unidos llamada el DREAM Act. Esta Ley proponía otorgar ciudadanía a todos los niños y niñas que han sido traídos a este país por sus padres. La gran mayoría de ellos sólo buscaban un mejor trabajo y un futuro más seguro y digno que el que se vive en sus países como resultado de las políticas económicas y militares del imperio occidental. Ya han pasado 10 años y el Dream Act aún sigue como propuesta de ley en el congreso de Estados Unidos. Evidentemente, las élites políticas sienten que estos jóvenes no merecen ese privilegio, puesto que han cometido un delito; huir de la opresión que se vive en sus países en búsqueda de una mejor vida.

Mientras los políticos de turno intentan difundir la idea de que la inmigración es una amenaza social, los logros de la industrialización del planeta siguen dependiendo casi completamente de esta labor. Llegan incluso a catalogar a un ser humano -algunos que han vivido en este país desde los dos o tres años de edad- como “ilegal.” ¿Será posible caer más bajo, deshumanizarnos más?

Con el desarrollo acelerado de las industrias, nos hemos convertido en una raza mundial, humanos nómadas, entendiendo poco a poco que somos más hijos de la tierra que de fronteras entre naciones y gobiernos. Ademas, la historia de la humanidad nos enseña que siempre hemos sido, somos y seguiremos siendo inmigrantes, porque la tierra tiene su modo de movernos con ella. En Estados Unidos hay más de 30 millones de extranjeros indocumentados, y más del 95% de la agricultura depende de la labor de estos indocumentados. Entonces, ¿cómo es posible que seamos sólo ilegales? ¿Cómo es que para disfrutar de las cosechas que con tanto esfuerzo sembramos, necesitemos número de seguro social, permiso de trabajo, ciudadanía? La opresión existe en muchas formas, se enmascara y camina con nosotros en la calle sin que nos demos cuenta. Así nos han hecho consumeristas, racistas y esclavos al miedo mismo.

Tan grande se ha sentido la amenaza de legalizar a un par de miles de estudiantes que después de 10 años no se ha pasado la propuesta de ley, sino que se ha enmendado la misma hasta convertirla en un examen de buena conducta. La ley pediría que después de la aplicación hay que vivir en el país sin documentos por siete años antes de ser elegible para la residencia. Es casi como si nos dijeran sin vergüenza alguna, “sigan soñando.”

“La Acta del Sueño”; ese sueño Americano de pertenecer, de ser respetado, de tener techo y comida, se hace trozos cada día. Y la carne, putrefacta de ya estar descubierta por décadas, ¿qué le pasara? ¿Explotará? Quizás el movimiento de Ocupa Wall Street es nuestro momento.

 

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