Las monedas, el trueque, la crisis…

 

 

Por Jorge Aniceto Molinari.

 

 

Desde que llegamos a la conclusión de que el agostamiento de la tasa de ganancia, a nivel general, del sistema de producción predominante, le condenaba a muerte, nuestra preocupación ha sido abordar puntos programáticos que significaran reformas viables para ayudar a morir en paz a este modo de producción.

Más allá de las vicisitudes nacionales, que pueden conducir a revoluciones perfectamente localizadas, la llave del problema está en las medidas que se puedan tomar a nivel universal.

Sostenemos, que las dos medidas centrales son la moneda única universal y un sistema impositivo basado en la circulación del dinero que sustituya totalmente a los impuestos actuales, basados en el consumo, en el trabajo, y en las pensiones. Una medida está relacionada a la otra.

Para aplicar un impuesto de estas características, donde ya las condiciones técnicas lo hacen factible sin grandes dificultades, estas están en la decisión política. El fascismo apoyado desde el punto de vista de clase en la lumpen burguesía internacional sigue jugando a la guerra y al suicidio con el uso de armas nucleares, a seguir con los desarreglos que en todos los planos del equilibrio del planeta se manifiestan.

La primera medida a aplicar es la de que cualquier movimiento de dinero para ser válido tiene que tener registro en un organismo reconocido a tal fin en la sociedad. Hoy el capitalismo haya respiro a su crisis, moviendo capitales, que solo se registran cuando surgen controversias o cuando necesitan hacer operaciones de blanqueo. Este es el origen de las burbujas, de las más variadas formas de corrupción y no al revés como vulgarmente se presenta, dicen equivocadamente que la crisis es originada por la corrupción, que aparece desnuda a la vista de todo el mundo. Parten de la idea de que puede existir un capitalismo sano que predomine en el modo de producción, lo cual ya es una verdadera utopia, el tiempo de este modo de producción llegó a sus límites, la tasa de ganancia lo indica. Es un buen ejercicio ver como renombrados economistas muestran esta ecuación exactamente al revés de cómo realmente es en la vida.

La moneda es una relación social siempre vinculada al aparato productivo; primero, en la historia, fue el trueque, acción a la que se recurre normalmente cuando las monedas entran en crisis, como ha ocurrido, por ejemplo en Argentina, que cuando la crisis del 2002, llegaron a existir 30 unidades monetarias diferentes, y ser el trueque el modo predominante en el pequeño comercio de los barrios.

Los complejos empresariales multinacionales, que regulan a nivel de los Estados sus competencias, que actúan como motor del sistema, ya tienen desde hace un buen tiempo, en la practica, una moneda única universal, que surge directamente de los cálculos que se hacen de los movimientos con las principales monedas. Ahí tienen en cuenta directamente las emisiones monetarias que hacen los Bancos Centrales. Es una necesidad que le exige el saber como invertir, en que momento, donde, en que cosa, en que moneda, en que tiempo. La salud del sistema recordemos está basada en su capacidad de reinversión permanente con ganancia. Por eso están tan endebles, los limites están a la vista.

Ahora este tema monetario es el que más cuesta explicar. Los impuestos, todo el mundo se da cuenta que la salida está por este lado, porque todos los sufren, aunque hay ejemplos como el IVA (impuesto al consumo) que lo tienen asumido junto al costo de la mercancía.

Aún no se comprende que ya existen los elementos tecnológicos para hacerlo en un muy corto plazo. No se ve que es una decisión política que define la predominancia o no del modo de producción capitalista, y que la existencia de una moneda única universal, que hoy manejan solo los complejos empresariales, es de una enorme utilidad, pues permite una transparencia directa de todo tipo de operaciones, por ejemplo cual es el salario de un albañil, en China, en Estados Unidos, en Grecia……..

Uno de los disparates más comunes es atribuir la crisis de Grecia, a la moneda común europea, cuando la existencia de una moneda propia de Grecia, lo que hubiera permitido es hacer los ajustes a los ingresos de la gente a través de una devaluación monetaria. Con moneda común o con moneda propia el capitalismo no ha tenido otro camino que ajustar contra la gente. Y lo va a seguir haciendo en todos los confines del planeta, Uruguay incluido, hasta que no se le pare la mano.

Lo que no dicen grandes economistas como Stiglitz, Krugman, Roubini, … es que hasta ahora los presupuestos de los Estados han estado financiado sobre el lomo de la gente, y que mientras el capitalismo reinvirtió con ganancia, las crisis se mitigaban, hoy eso ya no es posible, el cambio consiste en la reforma que permita que los organismos de la sociedad pasen a financiar sus presupuestos, en beneficio de la gente, con la aplicación universal de un impuesto sobre el giro del dinero.

En el Uruguay la fuerza política de gobierno, que llegó respaldada fundamentalmente por los movimientos sociales, vive hoy un ajuste en su interior, elección de autoridades a nivel de la fuerza política, donde coexisten más de 30 grupos que aspiran a una cuota parte del poder, jugando para ello con los mecanismos estatutarios, totalmente alejados del quehacer diario de la gente.

Sin discutir el programa y fundamentalmente la política económica, con la cual se han obtenido importantes éxitos, que todo el mundo sabe que son coyunturales, pero que son importantes en la vida del país. Lo grave es que no se atina a debatir medidas de futuro como las que estamos proponiendo, que pensamos son las únicas además que permitirían superar las controversias que por la forma de circulación de capitales se han generado con los países vecinos.

Las asimetrías nacionales, producto de la forma que ha tomado a cada país la explotación capitalista a cargo de empresas vinculadas a los complejos empresariales multinacionales, solo tienen la solución de reformas como las que proponemos, que superan además las posibilidades regionales, para convertirse en necesidades universales.

Cada día se entiende mejor que no puede haber frente a este tipo de problemas una respuesta estatista y despegada del contexto económico mundial, aun cuando persistan corrientes apegadas a consignas para un periodo anterior del desarrollo capitalista.

Está es la renovación ideológica, a la luz de los grandes maestros, que la humanidad debe realizar, sabiendo que el planteo de Rosa Luxemburgo hoy está más vigente que nunca: “socialismo o barbarie”.

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