AA+: nuevos e inminentes peligros para América Latina

Sergio Barrios Escalante

 

“Cualquier cosa que pueda decirse acerca de lo sucedido [en los mercados financieros] en las dos primeras semanas de agosto, los movimientos del mercado acaecidos no tienen precedentes, no son naturales y nos obligan a estar vigilantes”.

 (“Titanic Battle or Insider Training? The S&P Downgrade and the Bilderbergers: All Part of the Plan?”: Ellen Brown; Global Research, August 18, 2011).
La reciente degradación de la calidad del crédito de la economía norteamericana, y la subsiguiente oleada de pánico financiero que se genera como consecuencia de ello, constituye una amenaza a los estómagos ya semi-vacíos de millones de latinoamericanos que ahora padecen hambre.
Cuál es la relación y cómo y porqué es que se presenta esta nueva amenaza, es el la preocupación central del presente artículo.
El acuerdo de última hora logrado entre el gobierno de Obama y los representantes del Partido Republicano en el Congreso, en torno a la reducción del techo presupuestario y a los compromisos gubernamentales por reducir el tamaño de la deuda norteamericana, hizo pensar a muchos que la debacle había quedado conjurada.
Sin embargo, tan sólo tres días después del emblemático 2 de agosto (fecha pre-establecida como límite para lograr dicho acuerdo), cuando todo mundo, o casi todo mundo, pensaba que la incertidumbre ya había pasado, la agencia Standard & Poor decidió, contra todo pronóstico, degradar la calidad crediticia de Estados Unidos, un privilegio que ostentaba desde 1917, rebajándola desde AAA al nivel de AA+.
Aunque en los días previos habían corrido rumores acerca de tal posibilidad, la mayoría de analistas consideraban que de darse remotamente ese caso, los efectos de una decisión de esa naturaleza no pasarían de ser meramente simbólicos.
Pero la verdad es que los rumores resultaron ciertos, y el día viernes 5 de agosto la agencia S & P emitió su anuncio, y contrario a lo previsto por muchos, en menos de 72 horas los efectos dramáticos propios de un tsunami financiero se dejaron sentir en las principales bolsas de valores de todo el orbe, provocando durante varios días consecutivos (entre el lunes 7 y jueves 18 de agosto), una sucesiva oleada de caídas de más de 400 puntos como promedio en cada uno de esos días, provocando el desplome bursátil más drástico desde el estallido de la crisis financiera de septiembre de 2007 y 2008 (1).
De lo argumentado por Ellen Brown, al revisar ciertos detalles que se presentaron en la inesperada decisión de S & P, se infiere que ella llega a la conclusión de que en términos prácticos (políticos), la histórica determinación tomada por esa agencia calificadora representa una verdadera patada al tablero del ajedrez bursátil y financiero, no sólo de los Estados Unidos sino a escala internacional (2), entre otras cosas, por las dificultades adicionales que tal decisión conllevará para la recuperación económica norteamericana.
Desde otra perspectiva, pero igualmente coincidente, la revista The Economist señala que la propia S & P había estimado que una degradación como la que efectivamente tuvo lugar, implicaría pérdidas de entre unos US $ 50 a 100 millones de dólares a los tenedores de bonos del tesoro, e incrementaría el costo del crédito en alrededor de US $2.3 a 3.8 millones por cada billón de la deuda del gobierno norteamericano (3).
Dichos cálculos han sido desestimados por creerse que son exagerados (4), pero de todos modos, aunque los efectos de la degradación de la deuda no tuviesen esas consecuencias, el sólo hecho de que el gobierno norteamericano empiece a ejecutar los compromisos asumidos en torno al proceso de gradual reducción del déficit (recortar el déficit de un 10 % del PIB a un 8 %), hará más difíciles las cosas para la economía y su necesidad de recuperación (5).
Otro aspecto que resalta Ellen en su artículo relativo a la degradación de la calidad de deuda norteamericana, es que, según su análisis, hubo gente estrechamente ligada al llamado grupo “Bilderberg” (el sindicato de los ultra-ricos del planeta), que en el último momento intervino en la decisión de S & P (6).
De todas maneras, más allá de estas consideraciones y apreciaciones, la realidad es que las consecuencias de la decisión de S & P han resultado cualquier cosa menos inofensivas, desatando un verdadero pánico financiero internacional.
China (quien posee US $ 1.2 billones de dólares en bonos del tesoro estadounidense) fue la primera nación en reaccionar. Al conocer la noticia de inmediato ha abandonado su acostumbrado leguaje moderado y diplomático hacia EEUU, protestando airadamente por tal decisión, ya que serán los mayores afectados.
Y aunque de momento no sabemos a ciencia cierta si el actual tsunami financiero se debe a consecuencias reales (e inmediatas) de la degradación de la calidad de la deuda, o si únicamente es una consecuencia del efecto y pánico psicológico a un posible contagio de la crisis norteamericana.
En todo caso, lo cierto es que aunque el fenómeno de la AA+ no sea más que un mero efecto simbólico, los chinos no serán los únicos afectados con la profundización de la recesión en Estados Unidos.
América Latina también enfrentará mayores problemas y desafíos, tanto por la vía de la reducción de las remesas como por el incremento de las remesas (de hecho, con el actual escenario de crisis interna Obama ya ha deportado a 2 millones de latinoamericanos en tan sólo 2 años; a Bush hijo le tomó ocho años para expulsar la misma cantidad).
Pero hay otro riesgo todavía mayor para América Latina. Aunque ciertamente, tal y como lo asumen los expertos en estos temas, los bonos del tesoro estadounidense siguen siendo los más seguros, persiste el riesgo de que la profundización de la crisis financiera estadounidense y mundial, empuje a un número cada vez mayor de capitales depredatorios, a refugiarse en el mercado de las materias primas (commodities), donde actualmente productos como el petróleo, gas, el oro, la plata, los metales ferrosos y minerales raros, así como, desgraciadamente, alimentos básicos como el trigo y el arroz, despiertan lujuriosas ambiciones especulativas.
Una mayor desbandada de capitales especulativos huyendo en busca de refugio en el oro, traerá como consecuencia inevitable mayores luchas por recursos como el agua en las comunidades donde se asientan los tentáculos operativos de éstas corporaciones; a su vez, mayores capitales depredatorios refugiándose en las compras a futuro de los alimentos (hay países africanos que ya tienen vendidas y comprometidas sus cosechas hasta para el 2100), sólo traerá como consecuencia inevitable más carestía de la vida y más hambre.
Por todo ello es que resulta crucial que los diversos sectores que componemos el campo popular latinoamericano, presionemos dentro y fuera de los proyectos de integración regional autonómica (ALBA, UNASUR, BANSUR, etc.), para que se exija a Naciones Unidas que encabece la lucha contra la impunidad del terrorismo financiero.
Debemos exigir que se diseñe y apruebe en el seno de la ONU, una Carta contra el Terrorismo Financiero, que incluya la prohibición expresa de que los capitales especulativos hagan negocio con la comida de la humanidad, que se prohíba la venta obligada de las tierras de las comunidades indígenas y campesinas, y que la protección de los recursos acuíferos y forestales esté por encima de la explotación del oro.
Ya no se trata únicamente de enfrentar los enormes desafíos del cambio climático. Debemos también hacer frente a los efectos altamente nocivos y devastadores del terrorismo financiero y sus agentes inescrupulosos.
Notas:
1-Ellen Brown, Op. cit.
2- ibid.
3-“The End of “risk Free”: The Economist, Aug 1 st. 2011.
4- La propia Ellen Brown se encuentra entre quienes desestiman esos cálculos… (Ver artículo citado).
5- En ese sentido, la revista Economist, al igual que otros analistas como Krugman y Stiglitz, considera que tales compromisos asumidos en el acuerdo bipartidario del techo de la deuda, indefectiblemente tendrá efectos recesivos (“The debt ceiling crisis: Tuesday morning quarterbacking”; The Economist, Aug, 2 nd 2011).
6- Ellen Brown, Op. Cit.
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